La Amante

La Amante

“Soy hermosa, oh mortales, como un sueño de piedra,
y mi pecho en que todos encontraron su herida
nació para inspirar al poeta un amor
silencioso y eterno como lo es la materia.

Porque yo sé hechizar al amante y esclavo
con espejos purísimos que hacen más bello el mundo:
¡Estos ojos tan grandes de fulgores eternos!

– Charles Baudelaire –

Al principio…

Al principio...

“Como las piedras del Principio
Como el principio de la Piedra
Como al Principio piedra contra piedra
Los fastos de la noche:
El poema todavía sin rostro
El bosque todavía sin árboles
Los cantos todavía sin nombre
Mas ya la luz irrumpe con pasos de leopardo
Y la palabra se levanta ondula cae
Y es una larga herida y un silencio sin mácula”.

– Octavio Paz –

Aquel mar que soñamos…

Aquel mar que soñamos...

¡Ese mar, vasto mar que consuela de todo!
¿Qué demonio dotó al mar, ronco cantante,
que acompaña a los vientos y al clamor de sus órganos,
del oficio sublime de arrullar nuestros sueños?
¡Ese mar, vasto mar que consuela de todo!

– Charles Baudelaire –

Flâneur

Flâneur

Pero yo, desde lejos, conmovido os vigilo,
voy siguiendo agitado vuestro paso inseguro,
casi como creyéndome vuestro padre, ¡oh prodigio!
Gozo ocultos placeres, lo cual nunca sabréis:

Veo cómo florecen las antiguas pasiones;
vivo días perdidos, luminosos u oscuros;
vuestros vicios son goce en mi pecho sin límites
y con vuestras virtudes veo mi alma brillar.

– Charles Baudelaire –

Por donde el crepúsculo corre borrando estatuas…

Por donde el crepúsculo corre borrando estatuas...

Un día más me quedaré sentado aquí
en la penumbra de un jardín tan extraño.
Cae la tarde y me olvidé otra vez
de tomar una determinación.
Esperando un eclipse me quedaré.
Persiguiendo un enigma
al compás de las horas.
Dibujando una elipse me quedaré
entre el sol y mi corazón.
Junto al estanque me atrapó la ilusión
escuchando el lenguaje de las plantas.
Y he aprendido a esperar sin razón.
Soy metálico en el Jardín Botánico.
Con mi pensamiento sigo el movimiento
de los peces en el agua.

– Santiago Auserón –